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Departamento de Pastoral
“Quédate con nosotros, Señor” (Lc. 24, 29)
El sábado recién pasado, nuestra comunidad institutana celebró la segunda misa comunitaria en el marco del III Domingo de Pascua. Presidida por el capellán Pbro. Claudio Alarcón, la Eucaristía fue un momento central para revivir el misterio de la resurrección y, sobre todo, para hacer propio el gesto de los discípulos de Emaús: reconocer a Jesús en el camino, en la Palabra y en el pan partido.
“¿Cuántos Emaús existen en nuestra vida?” fue la pregunta que atravesó la reflexión. Emaús –se recordó– no es solo un lugar en el mapa, sino una experiencia del corazón: el camino de quien pierde la esperanza, de quien se aleja de la comunidad, de quien camina con el rostro triste y el corazón apagado. Puede ser una herida personal, una situación de violencia, una soledad profunda o cualquier realidad que nos haga sentir que todo ha terminado.
Y sin embargo, el Evangelio de Lucas (24,13-35) muestra que Jesús sale al encuentro. No impone discursos, sino que acompaña, escucha, camina y, al final, parte el pan. En ese gesto sencillo, los discípulos lo reconocen y sus corazones vuelven a arder.
Con esa mirada puesta en el Resucitado, durante la celebración se realizó la bienvenida, bendición y envío de los distintos grupos pastorales que animan la vida de fe en el Instituto:
- Catequesis familiar de primero y segundo año
- Catequesis de confirmación de primero y segundo año
- Comunidad de Catequistas
- Comunidad de Delegados de Pastoral de estudiantes y de apoderados
- JIX (Jóvenes Institutanos en Cristo)
- MIX (Mamás Institutanas en Cristo)
- Grupo de oración de la Coronilla de la Divina Misericordia
- Comunidad de coro
- Comunidad de Acólitos.
Cada uno de estos grupos recibió la bendición para su servicio y fue enviado a seguir construyendo, no caminos de huida, sino “Jerusalenes de encuentro”: lugares donde la vida sea cuidada, la dignidad respetada y la esperanza tenga lugar.
La invitación final fue clara: no quedarse en Emaús. Como los discípulos, volver a la comunidad, levantarse y seguir caminando. Porque el Señor sigue saliendo a nuestro encuentro en medio de nuestras heridas y tristezas, y nos llama a ser, para los demás, esa presencia que escucha, acompaña y parte el pan.
Que al escuchar su Palabra, al reconocerlo en la Eucaristía y al acompañarnos unos a otros, también nosotros podamos decir: “¿No ardía nuestro corazón?”

















