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Departamento de Pastoral
Este 4 de mayo, nuestra comunidad institutana vivió una vez más, la significativa celebración de la Cruz de Mayo, una tradición profundamente arraigada en la religiosidad popular chilena. Esta festividad, que mezcla elementos de fe, cultura y solidaridad, recuerda la centralidad de la cruz en la vida cristiana y, al mismo tiempo, promueve el encuentro comunitario y la ayuda fraterna.
La Cruz de Mayo, celebrada en distintos lugares de Chile y América Latina, consiste en adornar una cruz con flores, telas y diversos elementos simbólicos, acompañándola muchas veces con cantos, oraciones y gestos solidarios. En el contexto escolar, esta tradición adquiere un valor formativo especial, ya que permite a los estudiantes experimentar la fe de manera concreta, vinculándola con la cultura y la vida cotidiana.
En relación a esta actividad religiosa nuestro capellán, Pbro. Claudio Alarcón, destacó el sentido profundo de esta celebración, señalando que: “No solamente se recuerda una tradición bonita, sino que es una oportunidad profunda y formativa en la fe y en la vida comunitaria”.
Asimismo, enfatizó el valor espiritual de la cruz, indicando que: “La cruz nos evoca el centro de la vida cristiana… no solo como un signo de dolor, sino también como un signo de vida, de esperanza, de salvación”.
También subrayó el carácter formativo y comunitario de esta instancia, destacando que permite valorar las tradiciones cristianas, fomentar la creatividad —como se vio en la hermosa decoración floral preparada por integrantes del grupo “Mamás Institutanas en Cristo” (MIX) y, sobre todo, fortalecer los lazos entre los miembros de la comunidad educativa.
Uno de los aspectos más relevantes de la celebración fue su dimensión solidaria, la cual estuvo orientada a reunir ayuda concreta para familias necesitadas del propio colegio, reforzando así el compromiso con el prójimo y el espíritu de servicio que caracteriza a nuestra comunidad.
Celebrar la Cruz de Mayo es poner a Cristo en el centro de la vida escolar, integrando la fe, la cultura y la comunidad en una experiencia viva y significativa.
Agradecemos la participación y generosidad de todos quienes hicieron posible esta celebración, y les invitamos a seguir cultivando estas expresiones de fe y tradición, para así mantener viva las costumbres de nuestro país.










































