Benjamín Muñoz-Cerro, Physics Researcher, Stanford University

Año de egreso: 2020
Fecha de nacimiento: 14 de octubre de 2002
¿A qué te dedicas actualmente?
Actualmente estoy en Estados Unidos como cofundador de Velum Labs, una startup chilena que acaba de ser seleccionada por Y Combinator, la afamada aceleradora estadounidense que impulsó a gigantes como Airbnb, Rappi o Twitch.
Estamos desarrollando un nuevo tipo de modelo de inteligencia artificial que preserve la privacidad del usuario por diseño. La mayoría de los modelos actuales dependen de las políticas de la empresa que los maneja, pero nosotros buscamos que los datos nunca salgan desencriptados. Incluso que el modelo funcione con la información cifrada y que solo el usuario pueda leer la respuesta.
¿Participó de alguna agrupación o taller en el colegio?:
Participé del taller de Cohetería del Instituto. La formación que tuve en enseñanza media es una de las más rigurosas y con más recursos, no solo financieros, sino también intelectuales. El laboratorio de física es un semillero de investigadores y de personas que eventualmente entran al mundo de la tecnología.
¿Qué logro recuerdas con mayor orgullo de tu etapa en el Instituto?
En el colegio armé un detector de partículas subatómicas con ayuda del profesor Ariel Araneda.
¿Hay algún profesor o profesora que te haya marcado? ¿Por qué?
El profesor Ariel Araneda, quien me brindó guía constante y apoyo en distintas instancias de aprendizaje y desarrollo científico.
¿De qué manera sientes que tu paso por el Instituto influyó en tu camino actual?
Fue en séptimo básico cuando empecé a prepararme para postular a una universidad extranjera. Desde octavo ya tenía en mente que quería ir a estudiar a Estados Unidos. Participaba en olimpiadas de matemáticas organizadas por la Universidad de Concepción y, en el taller de ciencias junto al profesor Ariel Araneda, desarrollamos proyectos que marcaron mi interés por la investigación.
¿Hay algún recuerdo del Instituto que te gustaría compartir?
Mis profesores me decían que estaba muy ansioso por el futuro. Sí, soy ansioso, pero esa ansiedad la transformé en acción: en intentar tener las cosas bajo control, buscar oportunidades y no esperar que lleguen solas.
¿Tu vocación actual tiene relación con lo que te gustaba en el colegio?
Totalmente. En el laboratorio de física del colegio descubrí que la ciencia no solo se aprende, se vive. Esa rigurosidad —formular hipótesis, experimentar, reportar— se transformó en una forma de pensar que hoy aplico al liderar mi startup. En el fondo, es el método científico trasladado a la industria.
¿Qué mensaje le darías a los estudiantes que hoy están en el Instituto?
Mantenerme en el laboratorio de investigación no solo me ayudó a desarrollar habilidades para crear proyectos y trabajar en equipo, sino también a formar redes con personas que podrían convertirse en futuros socios. Disfruten los procesos: si uno se mantiene en ese ambiente, se abren muchas puertas.
Que nunca se rindan. Lo pueden lograr, aunque siempre hay mucho trabajo detrás. Siento que lo que me sacó de Concepción y me llevó a Stanford fue pensar: “ahora estoy bien, pero quiero estar mejor en el futuro”, entonces sacrifico un poco el presente para prepararme para lo que viene.